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Archivo para la Categoría "sociedad"

El gesto del arzobispo Romero

Los días previos a esta semana santa algunos medios han recordaro que ya han pasado treinta años del asesinato de Oscar Romero, arzobispo de San Salvador. En el contexto de la guerra civil que vivió El Salvador entre 1980 y 1992, Romero fue víctima de un escuadrón que realizaba ejecuciones de civiles con el apoyo expreso del gobierno. Así lo ha reconocido el actual presidente salvadoreño: “este tipo de grupos armados ilegales ejercieron el terror de manera generalizada entre la población civil durante aquellos años… dichos escuadrones de la muerte, lamentablemente, actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales.” El presidente Mauricio Funes también ha pedido perdón, en nombre del Estado, a la familia de monseñor Romero, un acto impensable durante los dos decenios del gobierno de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), cuyo fundador había estado también implicado en el asesinato del arzobispo salvadoreño. Leer más…

El regreso (no esperado) de la Paisana Jacinta

Siempre me he resistido a la crítica simple de la comicidad televisiva. Porque aspirar a un país integrado pasa también por tomar en serio los patrones y valores estéticos de la cultura “popular”. Y si nuestra comicidad debe evolucionar, ello debe ser el resultado de un proceso de educación y de empoderamiento, que despierte en los creadores formas elaboradas de comicidad desde sus propios imaginarios. Ahora bien, también creo en la importancia de fijarnos límites.

En una sociedad responsable existen regulaciones para delimitar lo tolerable del exceso. Y si hay contenidos en los medios que atentan contra el bien común, ellos son sancionados, así representen la viva expresión del gusto popular. Este fue el caso del personaje de la “Paisana Jacinta”, censurado con justicia por la Asociación Nacional de Anunciantes y que ahora anuncia su retorno a las pantallas. Evidentemente, si el personaje mereció la censura no fue por su incapacidad para hacer reír al gran público, sino porque reforzaba en éste un imaginario denigrante de un sector de nuestra población. Leer más…

La corrupción vuelve a tocar la puerta

Contra lo que pudiera parecer, la separación de Aurelio Pastor del ministerio de justicia no cierra un simple capítulo en la historia de este gobierno, sino que expone de manera irrefutable una realidad constante en el régimen: la fuerza de la corrupción en las altas esferas de poder. Es decir, la promoción que hiciera el ahora exministro Pastor del indulto al empresario Crousillat (que vendió la línea editorial de América Televisión al régimen fujimorista) es solo una evidencia de que durante el gobierno aprista, en materia de lucha anticorrupción, seguimos durmiendo con el enemigo. En este sentido, es justo reconocer que al gobierno del presidente Toledo le pudimos criticar muchas cosas, pero sus excentricidades estaban lejos de parecerse a los escándalos, de sabor fujimontesinista, que el gobierno aprista nos tenía reservados. Leer más…

Juan Julio Wicht, un hombre para los demás

Juan Julio Wicht S.J. acaba de fallecer luego de una larga enfermedad, aquella que, contra su voluntad, lo alejó de las aulas de la Universidad del Pacífico. Juan Julio era sacerdote jesuita, economista y catedrático. Como cristiano representaba a una generación que en nombre de la fe se tomó en serio el desafío de trasformar la realidad peruana, desde la investigación y la educación. Su integridad espiritual y sus valores ciudadanos lo llevaron a quedarse como rehén voluntario durante la toma de la embajada del Japón, cuando los terroristas querían liberarlo. En aquellos momentos de desesperación, Juan Julio comprendió que el sentido de su vida se jugaba del lado de los cautivos, y con ellos se quedó hasta el final de los 126 días de secuestro. Se nos fue un sacerdote y un ciudadano que desde su vocación intelectual vivió pensando en los demás. Un ejemplo para una Iglesia golpeada por algunos escándalos y para un país urgido de gestos de solidaridad como el de Juan Julio. Leer más…

El valor de La Teta Asustada

Apagadas las luces del Teatro Kodak, La Teta Asustada no ha podido conquistar la ansiada estatuilla dorada. Es curioso como muchos tenemos una capacidad extraordinaria para convertir los logros individuales en objetos identitarios. En realidad no es algo necesariamente negativo, y pasa “hasta en las mejores familias”.

Pero si luego de la ceremonia he querido volver sobre La Teta Asustada es porque creo que la ilusión fallida de conquistar un oscar no debería opacar, no solo al Oso conquistado en Berlín, sino al gran logro que la película ha significado para muchos peruanos: el haberse convertido en un magnífico pretexto para que nos pongamos a dialogar –como pocas veces lo hacemos- sobre lo que significa vivir en un país como el nuestro. Eso hay que destacarlo. Leer más…

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Pare de sufrir


Cuando la naturaleza nos pasa factura, nos devuelve a nuestra verdad. Una factura inmerecida en cuanto al origen de los sismos, ya que no parece haber relación directa entre los cambios climáticos provocados por el ser humano y la actividad sísmica del planeta. Sin embargo, cada vez que vivimos las consecuencias de uno de estos fenómenos, igual nos sentimos llamados a preguntarnos: Dios ¿qué hemos hecho para sufrir esto? Y en verdad hacemos bien en plantearnos la pregunta, solo que no tenemos necesidad de dirigirla a Dios para darnos cuenta de que, en la mayoría de los casos, sí hemos hecho muchas cosas para sufrir tal infortunio. Leer más…

El capitalismo: ¿cambio o reencauche?

A estas alturas del partido, o de la historia, parece claro que el sistema capitalista en el que nos movemos, abandonado al liberalismo radical, no nos asegura una vida social más humana. Rescatando al viejo Marx y a una de sus mejores intuiciones, comprobamos que para el capitalismo no existe la palabra “suficiente”. Nunca es suficiente si se trata de obtener mayor provecho, de acumular más. El colapso ecológico en el que vivimos es la señal de alarma de que el “sistema” ha tocado fondo. Parece evidente: si buena parte de los recursos del planeta no son renovables y si la población no ha dejado de crecer, un sistema basado en el consumo descontrolado terminaría dejándonos en la indigencia. Leer más…

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