A mediados del siglo XX pocas personas debieron haber imaginado el descenso actual en el número de fieles que experimenta la Iglesia Católica en Latinoamérica. Los siglos de evangelización representaban para la Iglesia la garantía de una fe enraizada en la conciencia popular. Sin embargo, hoy el fenómeno de la migración religiosa entre las mayorías latinoamericanas, fundamentalmente en favor de las iglesias evangélicas, es una realidad que no deja de plantear preguntas al catolicismo.
Un observador externo podría preguntarse con legitimidad: ¿Cómo es posible que en América Latina, donde la Iglesia ha apostado por la incorporación de la experiencia antropológica popular en la reflexión teológica, ese mismo pueblo abandone hoy a su Iglesia? En estas líneas me gustaría mostrar por qué creo que el progresivo abandono de la Iglesia Católica sería más deudor de las prácticas pastorales promovidas por la institución eclesial que del desarrollo de la reflexión teológica latinoamericana. Revisemos primero dos razones que se atribuyen con cierta facilidad al decrecimiento de la Iglesia en esta parte del mundo. Leer más…
El Cardenal alemán Walter Kasper, antiguo presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, repasa las luces y sombras de la Iglesia católica en su último libro.
Probablemente lo más parecido al aporte que el boom literario de los años 60 hizo al pensamiento en América Latina sea el florecimiento de la teología latinoamericana a partir de la misma época. En julio de 1968, en presencia del novelista José María Arguedas, Gustavo Gutiérrez pronunciaba por primera vez la formulación que anunciaría una nueva manera de hacer teología: “teología de la liberación”. La teología, una de las más antiguas disciplinas o ciencias concebidas en Occidente, conocía así un giro epistemológico, aquí en América Latina.
Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente y hoy podemos identificarnos o no con las intuiciones de las distintas teologías de la liberación elaboradas en estos decenios, pero no podríamos dejar de reconocer la capacidad de un Juan Luis Segundo, un Leonardo Boff, John Sobrino o del mismo Gutiérrez para dialogar con hondura intelectual con la pluralidad de nuestro universo académico. Si alguna vez llevaste un curso o revisaste un libro de teología y acaso tuviste la impresión de que la teología se reduce a la exposición de una doctrina inconsistente -en relación a otros saberes- y vana -en relación a tu experiencia de vida-, es bueno que sepas que no necesariamente tiene que ser así. Leer más…
Como es de dominio público el gobierno ha promulgado una ley que declara al Señor de los Milagros patrono de la “espiritualidad religiosa católica del Perú”. No quisiera detenerme en los argumentos jurídicos o políticos que muestran el despropósito de esta iniciativa surgida en el Congreso. Basta decir, como se viene señalando, que el contenido de la ley está en abierta contradicción con el carácter no confesional del Estado, garantizado por nuestra Constitución. Quisiera más bien observar la pertinencia de una ley de esta naturaleza desde un punto de vista teológico, es decir, desde la disciplina que tiene la tarea de expresar los valores fundamentales de la fe cristiana. Leer más…
Estas últimas semanas, un grupo de intelectuales ha animado un importante debate sobre la relación entre corrupción y sistema económico en el Estado peruano. A un lado del cuadrilátero tenemos a los activistas del liberalismo económico, es decir, a los defensores de la reducción de las funciones colectivas del Estado y la disolución de éstas en las leyes del mercado. Como no podía ser de otra forma, sus retadores son los intelectuales de cantera socialista, quienes reclaman un Estado más abarcador y más vigilante de los bienes públicos. Nuestros intelectuales vuelven, entonces, a propósito de la corrupción imperante en este segundo gobierno aprista, sobre el antagonismo que existe entre el modelo económico reinante, de corte neoliberal, y las políticas económicas de inspiración socialista.
Siguiendo a Martin Tanaka, observamos que, en realidad, ambos sectores ideológicos coinciden en su diagnóstico: la corrupción es el producto de la perversa relación entre Estado y mercantilismo; lo que se expresa, por ejemplo, cuando un bien público, como es un terreno del Estado, es vendido fraudulentamente por un funcionario estatal a un ciudadano particular por encima de los intereses nacionales (caso COFOPRI). No obstante, como anota Alfredo Bullard, es en el terreno de las soluciones donde liberales y socialistas se desmarcan rotundamente. Los primeros confían en que la introducción de las leyes del mercado -propiedad privada y libre competencia- en la gestión estatal regulará el afán de los funcionarios de privilegiar el interés individual sobre el colectivo. Por el contrario, para los socialistas, la verdadera receta anticorrupción supone combatir la lógica del mercado, que promueve el rechazo de los intereses y de los bienes públicos en la sociedad peruana.
Ahora bien, si tratamos de ir a la base de esta renovada bipolaridad ideológica ¿hacia dónde nos conduce el debate económico? Leer más…
Los días previos a esta semana santa algunos medios han recordaro que ya han pasado treinta años del asesinato de Oscar Romero, arzobispo de San Salvador. En el contexto de la guerra civil que vivió El Salvador entre 1980 y 1992, Romero fue víctima de un escuadrón que realizaba ejecuciones de civiles con el apoyo expreso del gobierno. Así lo ha reconocido el actual presidente salvadoreño: “este tipo de grupos armados ilegales ejercieron el terror de manera generalizada entre la población civil durante aquellos años… dichos escuadrones de la muerte, lamentablemente, actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales.” El presidente Mauricio Funes también ha pedido perdón, en nombre del Estado, a la familia de monseñor Romero, un acto impensable durante los dos decenios del gobierno de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), cuyo fundador había estado también implicado en el asesinato del arzobispo salvadoreño. Leer más…
Juan Julio Wicht S.J. acaba de fallecer luego de una larga enfermedad, aquella que, contra su voluntad, lo alejó de las aulas de la Universidad del Pacífico. Juan Julio era sacerdote jesuita, economista y catedrático. Como cristiano representaba a una generación que en nombre de la fe se tomó en serio el desafío de trasformar la realidad peruana, desde la investigación y la educación. Su integridad espiritual y sus valores ciudadanos lo llevaron a quedarse como rehén voluntario durante la toma de la embajada del Japón, cuando los terroristas querían liberarlo. En aquellos momentos de desesperación, Juan Julio comprendió que el sentido de su vida se jugaba del lado de los cautivos, y con ellos se quedó hasta el final de los 126 días de secuestro. Se nos fue un sacerdote y un ciudadano que desde su vocación intelectual vivió pensando en los demás. Un ejemplo para una Iglesia golpeada por algunos escándalos y para un país urgido de gestos de solidaridad como el de Juan Julio. Leer más…
Cuando la naturaleza nos pasa factura, nos devuelve a nuestra verdad. Una factura inmerecida en cuanto al origen de los sismos, ya que no parece haber relación directa entre los cambios climáticos provocados por el ser humano y la actividad sísmica del planeta. Sin embargo, cada vez que vivimos las consecuencias de uno de estos fenómenos, igual nos sentimos llamados a preguntarnos: Dios ¿qué hemos hecho para sufrir esto? Y en verdad hacemos bien en plantearnos la pregunta, solo que no tenemos necesidad de dirigirla a Dios para darnos cuenta de que, en la mayoría de los casos, sí hemos hecho muchas cosas para sufrir tal infortunio. Leer más…