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El regreso (no esperado) de la Paisana Jacinta

Siempre me he resistido a la crítica simple de la comicidad televisiva. Porque aspirar a un país integrado pasa también por tomar en serio los patrones y valores estéticos de la cultura “popular”. Y si nuestra comicidad debe evolucionar, ello debe ser el resultado de un proceso de educación y de empoderamiento, que despierte en los creadores formas elaboradas de comicidad desde sus propios imaginarios. Ahora bien, también creo en la importancia de fijarnos límites.

En una sociedad responsable existen regulaciones para delimitar lo tolerable del exceso. Y si hay contenidos en los medios que atentan contra el bien común, ellos son sancionados, así representen la viva expresión del gusto popular. Este fue el caso del personaje de la “Paisana Jacinta”, censurado con justicia por la Asociación Nacional de Anunciantes y que ahora anuncia su retorno a las pantallas. Evidentemente, si el personaje mereció la censura no fue por su incapacidad para hacer reír al gran público, sino porque reforzaba en éste un imaginario denigrante de un sector de nuestra población.

En efecto, aun cuando las caracterizaciones de la “Paisana Jacinta” podían representar a un personaje astuto, éste comunicaba siempre un mensaje peyorativo. No solo se trataba de un personaje con el cual era imposible identificarse, por su apariencia física, por su manera de vestir, de hablar, o por sus modos de razonar. Si la “Paisana Jacinta” despertaba la risa era porque en el fondo tenía todo para ser percibida como ridícula, una ridiculez que se legitimaba, de manera irresponsable, en el estereotipo de un sector marginal como es el de las mujeres andinas. Cierto, siempre hay una estrecha relación entre humor y ridiculización, pero en este caso se trataba de la expresión más burda de la relación, por apoyarse en un imaginario que sigue produciendo consecuencias nefastas para nuestra sociedad.

Hoy, cuando esta ridiculización simbólica de la mujer campesina vuelve a la televisión, uno se pregunta ¿cómo es posible que en un país donde a pesar del racismo hay ejemplos notables de mujeres andinas emprendedoras y exitosas, este personaje quiera insistir en hacernos reír reforzando nuestros peores prejuicios? Decir, pues, que personajes como la “Paisana Jacinta”, el “Negro Mama” o los “cómicos ambulantes” exceden los límites de lo tolerable, no significa rechazar la cultura popular y sus patrones humorísticos. Pienso que lo que hay aquí es un tema de responsabilidad ciudadana, que si bien es cierto no debe reducirse a la sanción mediática –lo que sería solo una forma de calmar conciencias-, creo que también puede pasar por ella.

Los adultos de hoy pertenecemos a generaciones que han crecido con el racismo y la exclusión, los problemas más graves del país. Por ello algunos productores de televisión se permiten decir que sus personajes solo reflejan los problemas de la sociedad -¡y para qué atreverse cortar con el círculo vicioso si se puede sacar provecho de él! Sin embargo, creo que en un país emergente como el nuestro, las generaciones venideras merecen una televisión que promueva valores también emergentes. Los niños ¿deben crecer pensando que esta forma de ridiculización de un sector marginal de la población es completamente normal? La pregunta ante la “Paisana Jacinta” no es si el personaje me da risa o no, la cuestión es si queremos que nuestros niños sigan formando sus conciencias con esta forma de comicidad que no solo es elemental sino que refuerza en ellos los mismos valores que tanto han hecho daño al país.

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  1. Cecilia
    08/04/2010 a las 16:35 | #1

    Interesante artículo, estoy de acuerdo con varios puntos expuestos, quisiera hacer una consulta ¿cuál es tu definición de éxito? esta pregunta va en relación con la afirmación que haces sobre “mujeres andinas emprendedoras y exitosas…”, esa misma expresión me hace preguntar ¿qué pasa con las mujeres andinas emprendedoras y no exitosas?.

    • 14/04/2010 a las 19:39 | #2

      Cecilia, gracias por el comentario. Diría que al hablar de mujeres de éxito (en el sentido de realización y empoderamiento), de una parte, la idea era tomar distancia del discurso que dice que en el fondo la “paisana jacinta” sí representa a la mujer andina; me parece que la representación simbólica proyectada por este personaje no comunica la real dimensión de la mujer andina. Pero además creo que cuando se pretende crear personajes cómicos a partir de un sector marginal, al menos habría que asegurarse de satirizar las experiencias más exitosas dentro de esta población. Con éxito o sin éxito todos tenemos derecho a la integridad, porque la dignidad humana no depende de ningún tipo de contingencia en la vida de una persona. Ahora, si los cómicos quieren ridiculizar a alguien lo mínimo que podemos exigirles es que se refieran a alguien que tenga el poder de defenderse, a una figura “exitosa” y no a un indefenso.

      • Cecilia
        13/05/2010 a las 08:37 | #3

        Seguimos dialogando; al final hablas de la sátira a una figura “exitosa” y no a un indefenso y comienzas con mujeres de éxito explicando este concepto a través de la realización y el empoderamiento. Aquí me parece que hay una contradicción porque estás empoderado o eres indefenso.Me explico: Francisco Miró Quesada Rada en un comentario periodístico afirma que: empoderar es “politizarse”, es decir desarrollar las capacidades individuales para actuar sobre el destino político de su comunidad. En su comentario cita a Zygmunt Bauman que afirma que empoderamiento es “ser capaz de elegir y actuar de manera efectiva (…) lo que a su vez supone la capacidad de influir en la amplitud de opciones disponibles y en los contextos sociales (…)”.
        Entonces el empoderamiento va ligado a la exigencia de derechos para ayudar a la transformación social entonces no se puede ser empoderado e indefenso a la vez.

      • 14/05/2010 a las 04:36 | #4

        Exactamente Cecilia, o estás empoderado o eres indefenso. La idea es que en su conjunto las mujeres de origen andino en nuestro país no gozan de este empoderamiento, por ello algunos cómicos pueden permitirse rediculizarlas, sin que ellas tengan la representatividad necesaria para defenderse. Ahora, en los últimos años hemos visto casos de mujeres que han comenzado a hacer valer sus derechos (pienso en “mamá” Angélica, la señora que encabezó el movimiento de familiares de desaparecidos durante la época del terrorismo, o en Magali Solier), pero aún son pocos. Lo que trato de decir es que en todo caso sería preferible que los cómicos representaran a este tipo de personajes, capaces de elevar la voz cuando se sienten maltratados y no a un conjunto que por ahora no tiene, como dices, capacidad de politizarse o de influir. En este sentido, el caso de la asociación Lundú y su protesta contra el “negro mama” es interesante: una institución que intenta movilizar al conjunto de la población afroperuana, precisamente, para empoderarla en su conjunto. Es el comienzo de un largo proceso.

  2. 12/04/2010 a las 13:10 | #5

    Interesante :-)

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